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domingo , 25 agosto 2019

Crónica de una muerte anunciada

16 septiembre 2007, el escenario el Palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid. En juego, los últimos instantes de la final del europeo de baloncesto que enfrenta a las selecciones de España y de Rusia. El último balón lo va a disponer España se juega su última carta en las manos de su máxima estrella, el catalán Pau Gasol. El resultado es de sobra conocido con el fallo del ala pívot y la victoria final para el combinado del país de los zares.

Ayer, 20 septiembre 2013, el escenario el Stozice Arena de Liubliana. En juego, los últimos instantes de la semifinal del europeo de baloncesto que enfrenta las selecciones de España y de Francia. El último a balón para intentar empatar el encuentro y forzar la segunda prórroga lo va disponer el combinado nacional que tras una jugada donde los tiradores no encuentran posición de tiro, el balón acaba en manos de su máxima estrella, el catalán Marc Gasol. El resultado es el fallo del pivot, poco acostumbrado al lanzamiento de tres, y la victoria final y el pase al encuentro por el título del equipo galo.

Parece que estas dos acciones, estos dos momentos decisivos del basket español son el mismo, sin embargo, y aunque parezca un deja vu entre ambas situaciones a y seis años de diferencia y una selección que se ha bañado en múltiples ocasiones de oro, muestra de ello es la consecución de las dos victorias consecutivas en el europeo de 2009 y 2011. Sí, en cuanto a títulos se refiere dentro de esta generación parece que las dos acciones o momentos narrados anteriormente marcan el inicio y el fin del mejor equipo que ha tenido el baloncesto español.

A pesar de ello, y analizando lo sucedido en el partido de ayer así como durante todo el campeonato que se ha celebrado en Eslovenia, el final de España parecía que ya tenía un momento decidido, así como un título para su actuación en el torneo de las elecciones europeas. El título del libro de Gabriel García Márquez, crónica de una muerte anunciada parecía que sería el indicado para definir la actuación de los chicos de Juan Antonio Orenga en el país esloveno.

Así, tras haber iniciado el torneo recordando a la mejor selección con victorias como el debutante Croacia por 68-40, los malos presagios empezaron a llegar con la derrota por 78-69 ante Eslovenia cuando habíamos comandado buena parte del partido el equipo.aún así todo ello parecía un espejismo con las historias cosechadas en los siguientes partidos ante la República Checa por 60-39, Polonia por 53-89, Georgia por 59-83 para pasar a la segunda fase. En esta ronda, el destino de España comenzó a coger forma cuando se repitió el mismo guion que ante Eslovenia. Comandar un partido para luego perecer en los estantes finales hecho que nos ocurrió contra Grecia con la que caímos por 79-75 o ante Italia donde el equipo pereció por 86-81 y donde la historia fue muy similar.

Todas estas situaciones, remarcadas por qué eran derrotas que se habían cosechado ante los mejores equipos de la competición y los aspirantes a hacerse con el hacían prever que el destino de España iba a estar muy lejos del ansiado trofeo que daría paso a la triple corona.

La victoria ante Serbia por con un gran Sergio Rodríguez por 30 puntos tras finalizar 90-60, nos hacía soñar con alcanzar la final a pesar de encontrarnos con Francia. Sin embargo, y al igual que en el libro de García Márquez la muerte estaba anunciada por los acontecimientos anteriores.

Si en el libro del escritor sudamericano los asesinos anuncian su acto antes de cometerlo el partido ante los franceses, liderados por Tony Parker, tenía marcada las mismas señas de los duelos ante los griegos, eslovenos o italianos. Un dominio y hasta ventaja a la hora de llegar al descanso, pero tras él, los de Orenga se desploman de nuevo para acabar otra vez sucumbiendo y firmando la crónica de una muerte anunciada.

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